Nuevo libro! I-POLIS. Ciudades en la era de Internet

i-Polis de Susana Finquelievich

Luís Ángel Fernández Hermana

I-Polis, Ciudades en la era de Internet (Prólogo)

Último libro de Susana Finquelievich

Barcelona 2016

Hay vidas que están escritas y descritas de mil, de cientos de miles de maneras. Hay libros sobre esas vidas que ya no sabemos ni cómo retenerlos en nuestra memoria. A veces cuentan eventos lejanos en el tiempo con resonancias actuales. A veces cuentan eventos actuales con resonancias lejanas. Pero se trate de amores, guerras, detectives, sagas inmortales, leyendas, misterios, viajes, descubrimientos… esta literatura rezuma proximidad, implicación, compromiso… el lector no puede abstraerse porque o le ha pasado algo parecido, o podría sucederle porque conoce los mimbres de esas historias, los trajina, o su percepción cultural absorbe las páginas como propias, como las que desearía haber escrito alguna vez. No importa la clasificación académica del relato: ensayo, historia, literatura, antropología, sociología, ciencia… Cada uno de estos relatos se nos despliegan como un amplio abanico que nos airea o abriga según lo que nos cuentan.

Y hay vidas que no están escritas todavía. Incluso aunque la cuna donde han nacido y desde la que han crecido nos son conocidas, las vivimos cotidianamente, las nutrimos con la dedicación necesaria como para que maduren y se sostengan con robustez. Pero, por múltiples razones, nadie nos las ha ofrecido como un tejido donde los hilos se empapen con los sentimientos, las emociones, los avatares personales o colectivos, que encapsulen y agiten los acontecimientos que se mezclan con los nuestros. Esto nos ha venido sucediendo en los últimos 30 años, una experiencia singular que nos ha afectado a todos en los cinco continente y los archipiélagos que quieren escaparse del mapa. Lo más notable es que durante unos cuantos años nos dividió entre los que estaban “a favor” o “en contra”. Estamos hablando, por supuesto, de una pandemia irremediable, causada por un bicho que no vemos pero, cuyos efectos de su picadura no ha dejado a nadie a salvo, no importa donde viva, trabaje, disfrute o muera. ¿Cómo se llama el veneno que nos inyecta esta sabandija? Información. Esta pócima causa tal alteración de los sentidos que ha transformado de manera radical nuestra forma de actuar, de relacionarnos, de hablar, de contemplar nuestro mundo y el que nos rodea, sin dejarnos escapatoria posible. Desde lo que podríamos denominar la proximidad, a lo que hoy aceptamos como globalidad, hemos entrado en una extraña dimensión. Y el bicho lo ha conseguido en apenas tres o cuatro décadas.

La vida en la era de Internet, no Internet en nuestra era, que eso es otra cosa, supone abordar, querámoslo o no, nuestra existencia reciente y actual afectada y perturbada por la Red. Sí es cierto que esta faceta se ha tratado numerosas veces como un ejercicio académico compuesto por historias que parecen ciencia ficción: comunicación simultánea con miles de personas independientemente de donde habiten, intercambio de experiencias, de bienes y servicios, compra y venta de cosas entre gente desconocida y pagando sin que se vea a ninguno de los factores que participa en estas operaciones…, por no mencionar las neveras que se preocupan por lo que comemos o los alimentos que nos faltan, el control de diferentes aspectos de nuestra salud para que veamos en pantalla los parámetros que ha recogido un reloj de pulsera, o los termostatos que regulan decenas de aparatos a distancia, aunque estemos volando entre dos continentes.

No. Ahora nos referimos al impacto social de la tecnología que nos ahorma en sus redes de información y conocimiento, en las que nos ganamos la vida (o pretendemos hacerlo), nos enamoramos y divorciamos, sopesamos la actualidad, a veces incluso mehoramos o deterioramos partes de la cultura que nos pertenecía, pensábamos, gracias al derecho que nos confería nuestro esfuerzo personal o el de otras personas con nombre y apellido. Además, algo que no es un simple además, Internet, más rápido de lo que podemos siquiera pensarlo, nos presta los fundamentos de aspiraciones, amores, frustraciones, sueños o ensoñaciones; de patologías impensables y de curas procedentes de culturas de cuya existencia ignorábamos todo y, dentro de este batiburrillo, no pueden faltar los excesos o delirios causados por la carencia de las herramientas conceptuales necesarias para domar los brotes constantes y crecientes de información.

Fuente: Coladepez. Revista de Innovación Social 

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